14 de noviembre de 2012

LAS CUEVAS


Lugar de habitación y guarida durante los períodos de conflicto, enterramiento improvisado, escondite de valiosos objetos del pasado en la antigüedad (como los kohau rongorongo), las cuevas (ana) fueron profusamente utilizadas en el pasado rapanui, y en la actualidad destacan como yacimientos arqueológicos de gran valor. Las impresionantes cuevas de Isla de Pascua son de una importancia capital en el estudio del pasado, y protagonizan el séptimo capítulo del libro. Textos: Rongorongo  Fotos: JabierLes
Ana Heva. Foto: Jabier Les
"La gente de los tiempos antiguos dormía en sus casas y también en cuevas.  Había otras cuevas que servían para esconderse, en tiempos de guerra, las llamaban cuevas kiongo. Había también cuevas chicas, llamadas pahu que eran escondites para el dueño de la cueva."
Las cuevas. Referido por Mateo Veriveri, en: Leyendas de Isla de Pascua
Sebastián Englert 
Reptando dentro de un ana. Foto: Jabier Les
A veces hay que arrastrase por el fango para introducirse por las pequeñas aberturas que apenas permiten el paso a cuerpos no demasiado robustos, e internarse en cuevas muy estrechas que se oscurecen abruptamente desde los primeros metros, y cuyas galerías bajas obligaban a desplazarse gateando, e incluso reptando por ciertos tramos, convirtiendo la exploración en un pesado esfuerzo. Pero vale la pena, porque resulta un sistema impresionante de cuevas, el mayor de Chile y uno de los más grandes del planeta, a pesar de la limitada superficie de la isla. 
"Al final ya de la jornada, cuando debían volver sobre sus pasos para salir de allí antes de que les atrapara la noche, localizaron una amplia sala cavernosa, que como una rara entidad de un mundo desconocido, se abrió ante ellos de entre sus propias tinieblas. Un mundo aún semi velado a sus ojos ensimismados, que adivinaban apenas, entre luces y sombras, estar ante un espectáculo tan conmovedor como siniestro. Sus linternas de mano comenzaron a enfocar trémulos haces de luz hacia diferentes rincones sin poder dar crédito a lo que veían, mientras con los cascos iluminaban al azar lo que se hallara en su camino, abriendo lentamente el velo que por siglos había cubierto aquellos enigmáticos secretos del pasado."
Ana Toki Toki. Foto: Jabier Les
“Grabadas y pintadas en las paredes rocosas, representaciones del antiguo universo rapanui comenzaron a emerger ante sus ojos anonadados. En uno de los paneles, una representación muy visible de Make Make, el dios creador, resaltaba entre otras figuras grabadas más superficialmente de Tangata Manu, el hombre pájaro, en las que podían apreciarse aún restos de pigmentos rojo y blanco. La arqueóloga se acercó a los hermosos petroglifos y pictografías, caminando a tientas por el suelo irregular y resbaloso de la cueva, y permaneció quieta, completamente inmóvil, observando el hermoso panel antiguo.”
Ana Aharo. Sector Roiho. Foto: Jabier Les
"Enfocando tembloroso y emocionado con su linterna directamente sobre un oscuro rincón que había pasado desapercibido para el resto del equipo, el espeleólogo se adelantó unos pasos. Tres cráneos humanos descansaban sobre una elevación natural del lecho rocoso, impávidos ante el correr del tiempo, rodeados de los huesos dispersos de sus esqueletos, y de algunos utensilios que con certeza habían formado parte de su vida cotidiana dentro de aquella recóndita cueva, probablemente su escondite. Puntas de flecha de obsidiana, hachas de basalto, un anzuelo de hueso de ave marina, algunas agujas de hueso de gallina y varias acumulaciones de lo que parecían ser huesos de pequeños animales terrestres y acuáticos, que habrían conformado su dieta, se amontonaban desordenados a corta distancia de los restos óseos. Y cerca, dentro de unos pequeños orificios naturales en la pared rocosa, casi invisibles a ojos no entrenados para la búsqueda, unos envoltorios hechos de alguna fibra vegetal, tal vez mahute, muy deteriorado por el tiempo, que escondían probablemente los más insondables misterios de la historia de aquellos que allí yacían."

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